Muchas de nuestras parejas, al no estar acostumbradas a ser fotografiadas, requieren un tiempo de adaptación. Por ello la preboda, y en concreto la primera parte, nos sirve para romper esa barrera.

Con Begoña y Andrés no dio tiempo ni a la foto de “calentamiento” directamente comenzamos la acción en el mismo sitio que habíamos quedado para desayunar.

Nos encantó su predisposición y esa sonrisa que no borraban nunca de sus caras. Para terminar nuestro paseo por el Albaicín, la visita de Kiba, que no podía faltar en un día como este.